miércoles, 17 de agosto de 2011

El hombre Pluscuamperfecto.

El hombre Pluscuamperfecto.

Cada vez que encendemos el televisor, invariablemente nos enfrentamos con un ente abstracto y vacío de contenido, que tratara por todos los medios de sembrar nuestras almas (en menor o mayor grado de discordia) con planteos metafísicos o dudas cuasi-filosóficas de un calibre semejante a “¿Por qué ver a una mujer bailando en un caño si puedo ver a dos?”, “¿Por qué todas las modelos son estúpidas?” “¿Por qué la gente inteligente no suele ser atractiva?”

En general, el poder hipnótico de la caja idiota se encarga de anular esa pequeña parte del hombre que le susurra en el oído “ehm, esa pregunta no tiene mucha lógica…”

Y es que realmente, el daño que le hacen esos programas a la cultura de las sociedades puede espantar a cualquiera con algo de sensatez; excepto claro, al aficionado a esos programas, aunque dudo mucho que esos individuos lean mi página.

Mientras sea más sencillo ver televisión que leer, y eso solo porque para leer hace falta pestañear… o si se quiere plantearlo de otra forma, mientras sea más sencillo percibir imágenes organolépticamente que imaginarlas (con el excesivo gasto de glucosa que conlleva esa tarea, vio?) cualquier utopía de una cultura que fomente la cultura (y vaya que eso suena rimbombante) tendrá siempre un halo de vanidad de vanidades… (Si, en hipérbole)

Hay una de las susodichas e hipotéticas preguntas; no la de las mujeres que bailan en caños, por supuesto, que remite a un tema que ha desvelado al hombre durante siglos.

¿Es la gente más atractiva menos inteligente?

O será que la gente más inteligente, ¿es menos atractiva?

¿Sera que me he puesto a divagar sinceras estupideces con un buen condimento de discriminación digna de un neófito en esto que los mortales llaman vida?

¿Sera que hago veneno para las hadas?

Bueno, realmente no… pero es innegable para cualquiera (y reto a cualquiera a negarlo, con buenas apologías) que ese conflicto se ha discutido por la clase media en apasionados debates durante generaciones… Poniendo de ejemplo modelos rubias y oxigenadas que no pueden articular dos monosílabos seguidos o bibliotecarias siniestras de rostros marmóreos.

Y en esta noche gris, gris como el plumaje de un ave de tormenta, gris como una roca erosionada… Los invito a hacer un viaje en el tiempo y el espacio, para rastrear esta cavilación del alma humana.

Responsable: Un hombre llamado Charles Perrault.

Contexto histórico: En la Francia del siglo XVII, en 1697.

Cuerpo del delito: Riquete, el del copete.

Cuenta el relato, que en un reino cuya ubicación geográfica exacta es algo difusa; el rey y la reina tienen un hijo, su primogénito. El problema es que al nacer la criatura, la partera lo arrojo al aire al grito de “¡Si vuela es murciélago!

Era tan feo que la madre, en lugar de darle el pecho le dio la espalda…

Era tan feo que tenían que acariciarlo con una rama…

Era tan feo que le dolía el rostro…

Bueno, queda claro que por su fealdad se llegó a dudar de que fuera humano, chascarrillos más, chascarrillos menos. Y su nombre fue Riquete (o Riquet, dependiendo del grado de afrancesamiento de nuestra pronunciación) Copete (porque tenía un copete, viste?), la anomalía del caso, fue un hada mágica que se compadeció de la situación, y le otorgó a la criatura el don de la demagogia, de la verborrea fluida, de la parla, no sé si usted entenderá… la capacidad de impresionar a la gente con los vocablos que fluyen de su boca.

Pero fue más allá, le dio el poder de otorgar su don a quien el quisiera.

8 años más tarde, en un reino vecino una reina estaba dando a luz dos hijas. Aunque preocupada por no parir varones, se sintió reconfortada al ver que la primera niña era de una belleza perturbadoramente sobrenatural (aun para estar cubierta de sangre y placenta).

Entonces apareció la misma hada mágica, que le dijo que su hija era demasiado bella, y que una especie de comité nocturno y secreto de hados había decidido quitarle la inteligencia; la princesita sería una rubia oxigenada tan bella como estúpida.

Para mayor desesperación de la reina, su segunda hija era alevosamente fea; paupérrimamente fea, si se quiere. El hada la tranquilizo (viendo que se le había ido la mano) declarando que la niña sería tan inteligente como fea. Cuando la reina le rogo que le diera algo de inteligencia a la primera, el hada mintió descaradamente diciéndole que no tenía esos poderes (seria quizás el día de los santos inocentes).

Al paso de los años las dos princesas crecieron en belleza y estupidez la primera, y en inteligencia y fealdad la segunda. Al grado de que la mayor llevaba un perico en el hombro que le repetía sin cesar; “respire, respire, respire”, y la menor convertía cualquier fiesta en un mitin político con sus ingeniosas alegorías subliminales.

Y así transcurría la vida, más o menos como en cualquier hogar.

Finalmente la madre de las princesas instalo una mortal angustia en el corazón de la princesa mayor, repitiéndole sin cesar que no fuera tan estúpida.

Un día la princesa fue a un bosque oscuro a derramar lágrimas de dolor, y he aquí que de pronto un ser cuasi-humano se abre camino entre la enramada, vestido ostentosamente, pero no por eso menos horrible.

El ser no era otro que Riquete, que había oído rumores de la dama y había salido de su reino para conocerla, para admirarla por algunos minutos.

Súbitamente complacido por tener a la dama delante de él en un lugar tan aislado. Le dirigió la palabra. La princesa, sorprendida de que ese ser no la hubiera abusado le retruca con un;

“No os toco ni con una flecha lanzada desde un arco largo, mi señor”. (Claro, no existían los punteros lasers todavía).

Y en este momento se lleva a cabo una curiosa conversación.

El hombre feo pero inteligente dice; Alguien con tanta belleza no podría ser infeliz de ninguna forma…

La mujer hermosa pero idiota retruca; Preferiría ser inteligente aunque fuera tan fea como ud.

¿Quién es más tonto, el tonto o el tonto que sigue al tonto? Lo dejo a criterio del lector.

Ahora, Riquete persuade a la princesa con las siguientes premisas para casarse con ella;

Yo puedo hacerte inteligente. Te casas conmigo. Te hago inteligente. Captas?

Como ella era estúpida, acepta sin pensarlo dos veces. (Sin pensarlo ni una vez, de hecho)

Entonces su lengua se soltó y comenzó a hablar lucidamente, como político en campaña. Con la promesa de que se casarían al cabo de un año contando desde ese día, cada uno regreso a su casa.

En el reino de la princesa, todos se asombraban de su nueva capacidad lingüística, y rápidamente desplazo a su hermana como concejera del rey en cuestiones de política imperialista. Sobre todo destaco en el poder de su discurso de arengamiento.

Al breve tiempo muchos príncipes poderosos trataron de cortejarla, y ella los rechazo sistemáticamente. Hasta que se levantó uno que era particularmente poderoso, rico, inteligente y bello. Y surgieron dudas en el corazón de la princesa…

Por lo que fue a despejar su mente al mismo bosque donde se habría encontrado con Riquete.

En aquel bosque, súbitamente una procesión de bodas sorprendió a la joven. Y la sorprendió aún más cuando el capataz declaro que eran las bodas del señor Riquete las que preparaban, que se celebrarían al día siguiente.

En ese momento, todo enjaezado como un caballo elegante, aparece Riquete. Y tiene lugar el segundo dialogo sumamente sugestivo del cuento.

La princesa dice: “Si le planteara esto a un idiota, tendría derecho a quejarse o negarse… Pero puesto que hablo con el hombre más inteligente del mundo, y por ende razonable, escucha mis argumentos; Hiciste mal en darme inteligencia si pensabas casarte conmigo de cualquier manera, porque me abriste los ojos.”

(Por darme inteligencia, fuiste un idiota)

El príncipe responde: “Si un idiota tiene el derecho de apelar, ¿Por qué un hombre inteligente tiene menos condición y derecho…? Si lo único malo en mí es verdaderamente mi repelente aspecto, usted puede subsanarlo.”

(Vamos a los hechos, por favor)

La princesa dice: “Cierto es, ¿Pero cómo sería eso posible?”

El príncipe responde: “Si ud. me amara me volvería bello.”

(Como conocía Riquete esta cláusula, es desconocido para el revisionismo histórico)

(Si, esta noche me gusta usar paréntesis)

Ella considero esto razonablemente, y automáticamente el príncipe se transformó en un galán medieval de belleza. Aunque algunas versiones indican que realmente ella tuvo un ataque psicótico y sencillamente a su perturbada mente le parecía verlo atractivo.

Conclusiones:

No fue sino hasta que ambos dos fueron inteligentes y bellos, que la historia tiene un final feliz.

El aceptó a una chica hermosa aunque idiota. (¿Superficialidad?)

Ella no aceptó a un chico horrible aunque inteligente. (¿Superficialidad con un ligero tinte de sensibilidad?)

La hermana fea pero inteligente vivió amargadamente y fue una solterona.

Perrault DIXIT.

Hoy en día muchas personas disienten de las conclusiones enumeradas antes (este escritor entre ellas). Espero que esas personas no les lean este cuento a sus hijos; claro que siempre está la alternativa del cuento cuasi infantil que desarrolle la cuestión de “¿Por qué ver a una mujer bailando en un caño si puedo ver a dos?” o similar.

Sin otro particular,

Mr. Nemo

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