lunes, 3 de junio de 2013

Gajes y Gajos del Oficio // Occupational Hazard




Había un penetrante olor a formol, que se impregnaba en la ropa con fuerza de nicotina. Las luces eran inciertas, amarillentas y tenues. En la penumbra no se podía distinguir a los empleados de limpieza de los espectros post-hospitalarios. Los vagos e inciertos sonidos que se dejaban oír en los pasillos oscuros hacían temblar el flequillo milimétricamente cortado de mi asistente, que trataba por todos los medios de no demostrar su nerviosismo. No estábamos en una tumba recién abierta; ni en el Hades, ni teníamos enfrente a Caronte el barquero. Estábamos en el cuarto subsuelo del Hospital de Clínicas de la UBA, frente a la puerta de su morgue.


¿Qué tan profundo puede llegar a descender un periodista para obtener una exclusiva? Para nosotros fueron cuatro pisos, una noche de semana y una luna llena que tenía de aire gótico y fantasmal la Facultad de Medicina, la Plaza circundante y el Hospital de Clínicas.

A veces las personas creen que al periodista sólo le basta enseñar un trozo de plástico con su foto y farfullar “prensa” para que mágicamente las puertas se abran. Lo patético es que para algunos periodistas esta proposición se cumple (Patético para nosotros, no para ellos), pero la puerta de la morgue y sus habitantes se mantuvieron férreamente sordos a nuestros timbrazos y llamados, como si estuvieran muertos…

Y es que cuando las burocracias administrativas son una Cortina de Hierro mucho más densa que la que tuviera el Eje Comunista antaño y, para concesionar una acreditación con el Sr. Director del Hospital hay que hacer más trámites que los necesarios para pedir un Superpréstamo Santander Río (sin contar el muchachito de mejillas sonrosadas y voz de grabadora que enumera condiciones inamovibles mientras guarda como un centinela las oficinas internas de la Administración), infiltrarse por la noche parece una idea mucho más sensata, pero solo entonces…

Bajando por escaleras inundadas con el genuino temor de toparnos con un basilisco, leyendo los tortuosos grafitis que se retuercen en los agujereados y raídos techos, sentándonos en el mismo banco donde otro periodista invitó a tomar un café a una de las piezas enigmáticas del rompecabezas o suspirando con melancolía cuando nuestras linternas de colores empiezan a fallar…

Uno puede sentirse como un cazador de vampiros digno de la admiración y respeto de Pascual Colombo, la leyenda urbana del médico lunático que acecha en la oscuridad para operar furtivamente de vesícula a gentes indefensas, de los espectros/encargados de la limpieza que se desvanecen entre las sombras o de los necrófagos; una sociedad ilícita que se ocultaría en los subsuelos de Buenos Aires viviendo en los límites de la sociedad para consumir carne humana (y objetivo final de la investigación)… 
O sentirse como un idiota que ofrece gratis su pellejo a las mafias hospitalarias y a una placa sensacionalista de Crónica TV. La decisión del lector es validarnos; puede vernos como héroes o como gente patética. Pero le aseguro: la primera opción hace más divertido leernos.

Sin otro particular, 
mr. Nemo





There was a pungent odor of Formalin that impregnated on clothes like Nicotine. Lights were uncertain, yellowish and dim. In the shadows you couldn’t make out the cleaning personnel from the post-hospital spectres. The vague and unknown sounds that you could hear in the dark hallways made the minuetly calculated fringe of my assistant tremble, who was trying by all means not to show her nervousness. We weren’t at a recently opened grave; nor Hades, We didn’t have Kharon the ferryman with us. We were in the fourth subsoil at the Hospital & Clinics from the UBA, right at the morgue’s doors.

How deep can a journalist go to obtain an exclusive? To us, it was just four floors, a week night with a full moon that had a gothic touch to it and the spooky school of medicine, the surrounding park and the hospital & clinics.

Sometimes people think that journalists only need to show an ID and gibber “press” and the doors will magically open. The pathetic thing is that for some journalists this proposition happens (Pathetic to us, not for them), but the morgue’s door and its inhabitants kept their ears shut to our ringing and calling, as if they were dead…

And it is when administrative bureaucracy is an Iron Curtain a lot thicker than the one that the aforetime Communist axis would have had, and, to accredit to the Hospital’s dean you have to do more formalities than the ones needed to ask for a loan at the Santander Río bank (without the boy with rosy cheeks and recorded-like voice that lists the immovable terms and conditions whilst guarding like a sentinel the inner Administration offices), infiltrate through the night seems like a more sensible idea, but just then…

Going down the stairs flooded with the genuine fear of stumbling upon a basilisk, Reading the winding graffitis that twisted in the pierced and worn out roofs, sitting down on the same bench where another journalist bought a coffee to one of the enigmatic pieces of the puzzle or sighing with melancholy when our coloured flashlights started to fail…

One can feel like a vampire hunter worthy of Pascual Colombo’s admiration and respect, the urban legend of the lunatic doctor haunting in the darkness to furtiveliy operate defenseless people, from spectres/janitors that fade between shadows or Ghouls; an unlawful society that hides beneath Buenos Aires living in the limits of society eating human flesh (And final target of this investigation)…
Or feeling like a twat offering onself to the Hospital mob and to a sensationalist plaque from Cronica TV. The reader’s decision is to validate us; you can see us as heroes or just as lame people. But I assure you: the first option makes us amusing to read.

With no further do,
mr. Nemo

2 comentarios:

  1. bien nemo!!! tenes una prosa magnifica!!! te segui en tu trayectoria nocturna y mortuoria!!! abrazo

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  2. Muchas gracias, querido!
    Abrazo para tí también.

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