lunes, 1 de julio de 2013

Locura Humana / Human Insanity



 
Hay un cuento de Lovecraft, el maestro del horror, escrito en 1929 (mucho antes que el “1984” de Orwell) y llamado “El Túmulo” que se merece el honor de ser el primero en unir los conceptos de Aburrimiento y Espectáculo (en el sentido posmoderno del hombre ya desengañado de la ciencia y del espectáculo como espectáculo grotesco de dolor)…

En el relato, un hombre que se aventura a seguir un profundo túnel en la cima de un siniestro túmulo descubre un mundo subterráneo donde una raza de “individuos” mucho más avanzados tecnológicamente le siguen dando culto y tributo a los poderosos primigenios de Lovecraft.
En esa cultura, donde la ciencia había destruido a la misma Muerte (que aun con el paso de los eones puede morir…) sus ciudadanos se entregaban a cualquier tipo de actividad que los alejara del aburrimiento, irónicamente mortífero, en el que vivían… De esa manera se entregaban a los más grotescos espectáculos circenses donde cadáveres vueltos a la vida con la ciencia batallaban hasta deshacerse en sangrientos pedazos, como el horrorizado hombre habría de contemplar.

Lo único que los impulsaba era el anhelo de ver y sentir novedades, excavando así en la espiral sin fin de la corrupción humana (Nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír... Eclesiastés 1:8).
Proliferan como formas protozoarias de vida… devorando alguna las partes de la otra y viceversa con tal de crecer y extender sus cilios o flagelos en el ambiente citoplasmático:

Anatomía para Principiantes y su disección de cadáveres en vivo… Las caídas más Graciosas (y mortales) y sus millones de réplicas en youtube… Terapia de Shock donde la psicopedagogía y los abusos verbales y físicos de grotescos presidiarios se dan la mano… Factor Miedo y sus “terapias” de inmersión que ayudan a pobres diablos que buscan dinero… Bailando/Patinando/Nadando/Humillando por un sueño y el oscuro empresario Tinelli… Reallitys de todos los colores y sabores; drogadicción, tribus indonésicas perdidas en ciudades, embarazosadolescentes, operativos de allanamiento, cárceles. Todo sirve en tanto sea grotesco o violento (o, por qué no; ambas)

Desde hace mucho tiempo el aburrimiento y depravación del hombre postmoderno trazan una parábola predecible para la industria del contenido televisivo. Soñada por un maestro del horror o profetizada por un gran sociólogo.
Desde la publicación de “1984”, donde George Orwell, sin saberlo, sentaba las bases de lo que luego sería el reallity show más paradigmático del mundo postmoderno: GranHermano.
Desde que Theodoro Adorno mirara con desconfianza la industria cultural y aun desde que Ortega considerara en sus escritos como la plebe romana se regocijaba en el espectáculo circense en tanto eran masa…
Desde que Milgram hiciera sus estudios sobre la obediencia humana hasta que Naomi Klein escribiera sobre la teoría del shock y el inmenso poder mediático en la construcción de la opinión pública. 

Como Amélie Nothomb muestra en su novela Ácido Sulfúrico; el reallity show es un espejo donde el hombre posmoderno puede mirar su repugnante reflejo sin miedo de horrorizarse.
El futuro se vislumbra gris cenizo, como las nuevas adaptaciones del experimento de la obediencia de Milgram (aquel viejo y siempre actual experimento de obediencia de postguerra) muestran que la cifra original a la que Milgram arribó en 1961 (ya 50 años pasados) subió de un 60% a un 80% de personas que le darían descargas mortales a un semejante solo porque un hombre vestido de bata blanca se lo ordena.

Ahora agregando un componente más espeluznante, como nos enseña el documental francés “El Juego de la Muerte”: La posibilidad de hacer un juego de tortura, muerte y fortuna en televisión donde la autoridad encargada de anular el sistema de rebeldía humana no es más que la misma televisión… El mismo complejo sistema de cámaras, camarógrafos, vestuaristas, maquilladores, presentadores famosos y la audiencia tan inconmovible como desde los eones de la mediocridad; con sus ojos siempre burlones observando al individuo que cede ante el reglamento del macabro juego simplemente para guardar de las apariencias la construcción de persona sonriente que procura construir delante de esas cámaras y ese público. ¿No se trata de eso la televisión y el reallity después de todo?

Hacía esa dirección de oscura podredumbre socio-moral señalan algunas obras de crítica; como la susodicha novela Ácido Sulfúrico (versada sobre un reallity llamado Concentración, que no tenía nada que envidiarle a los campos nazis), películas como Paintball o Los Condenados o la genial película Live! Traducida como “La muerte en vivo” que narra la historia de un reallity donde se juega a la ruleta rusa en vivo (como, de hecho, una cadena inglesa televisó cierta vez con un prestidigitador muy audaz).

En palabras de Oscar Brenifier, el filósofo francés; “Quisiera prohibir esta noche la palabra “normal”, porque cuando las cosas dejan de asombrarnos (en su sentido coloquial y en su sentido aristotélico) y las cosas nos parecen “normales”, es que hay un problema: Una persona ha muerto, normal. Ha ocurrido un genocidio, normal. El muro se ha caído, normal… En esta noche quiero que nos asombremos de la locura humana

Porque los que sustentan y alimentan la industria del reallity show, con engranajes sucios y alienantes como la industria cultural de Tinelli en Argentina… no somos otros que las personas que les damos rigor ontológico.
Que conocemos sus shows con más detalles que sus seguidores, así sea simplemente para criticar.
Que vemos y toleramos caminando en la calle porque pensamos que conjugarlos como antítesis nos da más cuerpo como personas… Hablemos bien o mal, estamos hablando.

Algunos dicen que en el silencio de los libros ellos no pueden alcanzarnos, que luego de aceptar nuestra condición de seres serviles  podremos elegir con criterio un nuevo amo.

En esta noche nos maravillamos de la locura humana.

En esta noche quisiéramos maravillarnos del silencio.

Sin otro particular,

Mr. Nemo

Imagen créditos de Mónica Custodio



There is a story from H.P Lovecraft, the master of horror, written in 1929 (long before Orwell’s “1984”) called “The Mound” it deserves the honour of being the first one putting together Boredom and Entertainment (in the postmodern sense of the man disillusioned with science, and entertainment as a grotesque spectacle of pain)…

In the story, a man that ventures through a deep tunnel on top of a sinister mound discovers an underground world where a race of “individuals” technologically advanced, keep worshipping Lovecraft’s powerful Great Old Ones.
In this culture where science destroyed death itself (even over the eons it still can die…) it citizens gave themselves to any kind of activity that drove them away from the ironically lethal boredom that they lived in… This way they ended up at the most grotesque circus shows where corpses brought back to life through science, battled until they came apart in bloody shreds, like the horrified man would have contemplated.
The only thing that impelled them was the yearning of watching and feeling novelty. Digging, like that, in the endless spiral of human corruption (the eye is not satisfied with seeing, nor the ear filled with hearing..... Ecclesiastes 1:8).

Proliferating like protozoans… devouring some parts of the other and vice versa just to grow and expands their cilia or flagella in the cytoplasmic ambience:

Anatomy for beginners and its live dissection of corpses… The funniest falls (and deadly) and its millions of replicas on Youtube… Shock therapy where educational psychology, verbal abuse and the derisory bodies of inmates go hand in hand… Fear Factor and its “immersion therapies” that helps blokes looking for money… Dancing/Skating/Swimming /Humiliating with the stars, the dark showman Tinelli… Reality shows of all colours and flavours; drug addiction, Indonesian tribes lost in cities, teenage pregnancy, police raids, jails. It all works as long as it’s grotesque or violent (or why not both?)

From a long time ago, postmodern men’s boredom and depravity draw a predictable parabola for the TV industry. Dreamed by a horror master or prophesied by a great sociologist.
Since “1984”s publication, where George Orwell, without knowing so, had laid the foundations of what later in time it would become the postmodern world’s most paradigmatic reality show: Big Brother.
Since Theodor Adorno looked with mistrust the cultural industry and even since Ortega considered in his manuscripts how the roman plebs rejoiced in the cirucs as long as they were in a crowd…
Since Milgram made his studies about human obedience until Naomi Klein wrote about the shock theory and the immense power within public opinion.

Like Amélie Nothomb shows in her novel “Sulphuric Acid”; reality show is a mirror where postmodern man can look his disgusting reflection without the fear of being horrified.
The future looks ash grey, like the new adaptions of Milgram’s obedience experiment (that old and always prevalent post-war obedience experiment) that shows the original number that Milgram reached in 1961 (50 years ago) increased from a 60% to an 80% of people that would give fatal shocks to a peer just because a man in a white coat compels them to.

Now adding an even more lurid component, like the French documentary “Le Jeu de la Mort (The Game of Death)”: The possibility of making a torture game, death and fortune on TV, where the authority in charge to override the system of human rebellion is nothing else than TV itself… The same complex system of cameras, cameramen, wardrobe stylists, makeup artists, famous presenters and the audience, immovable since the eons of mediocrity; with their teasing eyes looking at the person that gives in to the regulations of the macabre game simply to keep the appearances. The crafting of that smiley being that is assured to be in front of those cameras and that public. After all, isn’t that what TV and reality shows are about?

Some works of literary criticism point out that dark and rotten morality; like the aforementioned novel “Sulphuric Acid” (about a reality show recreating a concentration camp, that got nothing to envy to the Nazi ones), movies like “Paintball” or “The Condemned” or the great movie “Live!” that narrates the story of a reality where they played Russian roulette live (like the one that an English broadcaster aired once with a very bold illusionist).

In Oscar Brenifier words, the French philosopher; “Tonight I would like to forbid the Word “normal”, because when things stop to amaze us (in their colloquial and aristothelic sense) and things seem “normal”, means that there is a problem: Someone has died, normal. Genocide has happened, normal. The Wall has fallen, normal… Tonight I want us to be amazed with human insanity”

Because the ones that support and feed the reality show industry, with disaffected and dirty gears like the cultural industry of Tinelli in Argentina… Is no one else but the people that give them an ontological rigour.
We know their shows in more detail than a regular viewer, even if it’s for criticizing.
We watch it and tolerate it walking down the street because we think that by putting it as an opposite makes us more human… Talking right or wrong, but we are talking about it.

Some say that in the silence of books they can’t reach us, than after we accept our condition of subservient beings we could choose with new criteria a new master.
Tonight we are amazed by human insanity.
Tonight we’d like to be amazed by silence.

With no further do,
Mr. Nemo
Image credits to: Mónica Custodio

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