martes, 20 de agosto de 2013

La Amiga de Romina




Entre retazos de palabras que luchan agónicas en una vorágine por unirse en proposiciones armónicas y expresivas, surgen despacio, reptando, los recuerdos. Aquella noche rehíce mis pasos de nuevo al viejo lugar. El hambre me guiaba. Con pasos silenciosos me abrí camino entre el frio invernal que caía como una cortina sobre la calle desierta cruzada de diagonales y de las fantasmales luces de los autos.

 Una ligera y gris llovizna caía sobre mi corazón, mientras dejaba atrás la casa, los amarillentos y sucios focos y las paredes pintadas con graffitis y caminaba para sentirme vivo, en ese momento de la noche cuando nuestros pasos hacen eco en nuestra cabeza. 

Tu sonrisa flotó luminosa entre medio de empanadas y risas de niños. Tu sonrisa flotó humana entre medio de precios y dibujos. Tu sonrisa flotó con calor entre medio de tu corazón y el mío.

Esa sonrisa cómplice fue lo mejor de toda esa noche. Fue una sonrisa tan fugaz y espontánea que invitaba a entregarse sin motivos a la felicidad del encuentro humano.

Hacía algunos meses habías aparecido, misteriosa, como sueles hacerlo. Tu cabello recogido, tus ojos tímidos. Eras apenas la sombra silenciosa del fantasma susurrante de Romina.

Ni siquiera conocí tu nombre, para poder murmurarlo en la oscuridad de la madrugada. Para poder acariciarlo en la penumbra de un sueño. Para poder escribirlo hasta el hartazgo en una red social. Solo tenía tus miradas furtivas y sigilosas para pensarte. 

Tan incorpórea y transparente como un suspiro de la noche, fuiste para mí lo más real, más trascendente que cualquier empanada de carne o que los mismos pasos inciertos de Romina. Llegaste incluso a reemplazarla, con un solo movimiento de tus labios. 

Nunca sabré si realmente me mirabas, o si era mi deseo de que lo hicieras tomando forma.
Tus ojos almendrados, guardados en el secreto de ese lugar perdido en un océano oscuro de cemento y suciedad, me invitaban a guardar la esperanza. A tener fe. A pelear la buena batalla. 

Te doy las gracias, te llames como te llames, por el instante de descanso que le diste a mi alma fatigada.

Mathematicus


English Version



Romina’s Girlfriend

Between remnants of agonizing words that fight, in a vortex, to become melodic and expressive propositions, emerging slowly, creeping, the memories. That night I remade my steps again to the old place. The hunger was guiding me. With silent steps I pushed my way through the wintry cold that fell like a curtain over the empty street crossed by diagonals, and the ghostly lights of the cars.

A soft and gray drizzle was falling over my heart, while I was leaving behind the house, the yellowish and dirty bulbs and the walls painted with graffti and I was walking to feel that I was living again, in that moment of the night, when our steps make echo in our head.

Your smile hovered, radiant, amid patties and laughter of children. Your smile hovered, human, amid prices and drawings. Your smile hovered with heat amid your heart and mine.

That accomplice smile was the best of the night. Was so fugacious and improvised that was inviting me to give in, without any motives, to the happiness of the human meeting.

A few months ago you had showed up, mysterious, as you used to do it. Your hair tied up, your eyes... shy. You were, barely, the silent shadow of the whispering ghost of Romina.

I didn’t know your name to mutter it in the darkness of the morning, to touch it softly in the gloom of a dream, to write it until satiety in a social network. I only had your sneaky and stealthy gazes to think about you.

So ethereal and transparent like a whisper in the night, you were to me, the most real woman, more important than any patty or the very own uncertain steps of Romina.
You even came here to replace her, with the single movement of your lips.

I will never know if you were really looking at me, or if it was my wish, of you doing it, becoming true.
Your almond eyes, kept in secret in that lost place in a dark ocean of concrete and filthiness, were inviting me to keep hope, to have Faith, to fight the good fight.

I thank you; whatever your name is, for that moment of rest that you gave to my weary soul.

Mathematicus.

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